Me hace sentir tan bien el saber que mañana hago una semana de escribir todos los días. Así que sí (sonó gracioso en mi mente), hemos llegado al día número siete.
Quizá el día de hoy debería escribir la historia de Rodrigo A., pero creo que vamos a dejarlo para otro día, en cambio, les hablaré acerca de Emilio, así es, él es un poco más reciente en mi vida, así que quizá los detalles sean muchísimos más. De cualquier manera, la idea de escribir su historia hoy surgió porque en el día tuve un poco de arrepentimiento acerca de lo que hice el jueves pasado (todo está en el día dos), y así como he estado escribiendo las historias de las otras personas, se me ha hecho más sencillo olvidarlas, así que, a mal paso, buena cara (o como sea).
Emilio, ah, Emilio. Lo conocí en agosto del año pasado (2015) cuando recién entraba a mi primer año de bachillerato. Él iba en el mismo grupo que yo, y todo comenzó ese primer día. En mi escuela, a los grupos se les divide en dos "secciones", la "A", y la "B". Se supone que la sección a la que eres asignado depende de un examen de inglés que haces antes de entrar. Si tienes un nivel alto de inglés, eres sección B, si no, sección A.
Emilio y yo estábamos en la misma sección, la cual era sección B, entonces, habían tres clases que tomábamos en secciones. El primer día, debido a razones extrañas, no tuvimos las primeras dos clases, hasta la tercer hora, que era de 8:40 a 9:30 de la mañana, entramos a una clase, la cual era de las que se dividía en secciones, desafortunadamente, los amigos que yo ya había hecho, era de la otra sección, por lo que cuando llegué, estaba sola.
He de contarles, que yo soy una persona bastante penosa, y cuando llegué sola, sin conocer a nadie, me quedé apartada de todos. Ahí, fue cuando lo vi por primera vez. Estaba sentado en el pasillo, a lado de la puerta del que supuestamente era nuestro salón. Lo curioso, fue que me le quedé viendo un poco, en ese momento no me había gustado como tal, me pareció atractivo, pero nada más. Él volteó a verme, pero de una forma muy insignificante y sin parar de hablar con la chica que estaba a su lado. Lo gracioso, fue que estaba cerca de donde estaban ellos, pero cuando vi que una maestra estaba saliendo del salón, creí que me había equivocado, porque en mi horario, decía que era hombre, no mujer, así que no entré y supuse que el tipo del cabello alborotado al que acababa de ver, no era de mi salón.
La ilusión fue muy corta, porque de repente, la maestra los sacó a todos del salón, pidiéndoles disculpas por haberse equivocado de grupo. Después de eso, llegó nuestro maestro, y me di cuenta de que estaba en lo cierto, el tipo era de mi salón.
Ese día llegué a mi casa pensando en que no me había gustado alguien como tal, pero cuando mi mamá me preguntó que cómo me había ido y si había alguien guapo, sólo pude pensar en él, Emilio.
Al siguiente día, temiendo que lo que sospechaba sí ocurriera, llegué a mi salón y se cumplió mi profecía, en cuanto lo vi, mi corazón comenzó a dar saltos, las manos me empezaron a sudar y mis mejillas comenzaron a ponerse rojas.
Ahí fue cuando me di cuenta de que él me gustaba.
Pasaron muchas semanas, en las cuales:
a) Me gustaba cada día más y más
b) Tuvo una novia, luego cortó con ella
c) Tuvo otra novia, luego..., no, sí duró bastante con ella
d) Perdía cada pizca de esperanza que tenía de por lo menos, ser amiga de él.
Todo iba así, incluso, me empezó a gustar otra persona, quien resultó ser un completo idiota, así que a él, no lo mencionaré mucho. Cuando ya me empezaba a salir del sentimiento, un día cualquiera (bueno no, era jueves), se acerco a mi mesa de laboratorio, la cual estaba atrás de la suya, me volteó a ver, me sonrió y me hizo un cumplido acerca de mi bufanda. Después de eso, volvió a su lugar y yo quedé completamente estúpida.
Ese día, todos mis sentimientos que ya habían desaparecido, volvieron. Y después de ese día, los días en los que teníamos laboratorio, hacía eso, iba por una goma, se volteaba para acomodar su mochila, iba a molestar a mis compañeras de mesa, incluso, recuerdo que un día dejé mi celular en la mesa y cuando me volteé para acomodar mi mochila, él lo agarró y salió corriendo del salón, yo salí corriendo detrás de él, se detuvo y se empezó a reír cuando me lo regresó, en ese momento, nuestras manos se tocaron y no supe qué hacer, supongo que ese fue un gran motivo por el cual se rió.
Y todo seguía así, hasta que un día, llegué a mi casa y había un mensaje de él, lo gracioso fue que me estaba pidiendo una tarea o algo así, obviamente le respondí. AL siguiente día, fue lo mismo, y al siguiente, igual. Yo comenzaba a pensar que sólo me estaba hablando para pedirme tareas, lo cual me hizo sentir un poco mal. la siguiente ocasión que él me pidió algo, le respondí muy cortante y ya no me mandó nada por varios días. Después de eso, me volvió a llegar un mensaje de él, en el que sólo quería saber cómo había estado mi día. Y así fue todos los días en adelante.
Es curioso que mientras hablábamos todos los días por mensaje, en persona muy pocas veces me saludaba o hacía algún gesto de interés, aunque claro, él tenía novia.
Hubieron varias ocasiones en las que mis amigos comenzaban a darse cuenta de que estaba pasando "algo". En una de esas ocasiones, en día de laboratorio, yo llevaba mi bufanda, la que había recibido un cumplido por su parte, él la agarró, se la puso, dijo que se veía maravilloso con ella y se la quedó toda la clase. En otra ocasión, recuerdo que lo había "dejado en visto" sin querer y en la escuela, llegó saludando a todos (incluyendo a mis amigos, los que nunca saludaba) menos a mí. En ese momento, uno de ellos, dijo que qué le había hecho yo como para que lo saludara a él, pero no a mí.
Esa era la situación, él me preguntaba cosas acerca de mí, luego yo, hasta que poco a poco, empezamos a tenernos mucha confianza y a platicar cada vez de cosas más privadas. Recuerdo que en estas fechas del año pasado, fue cuando lo abracé por primera vez (su cumpleaños es el 11 de diciembre) y yo me empezaba a perder en el sentimiento del amor.
Cuando regresamos de vacaciones (oh sí, justo como ahorita, estaba de vacaciones), todo se volvió más intenso, porque ahora si me saludaba, y era algo extraño, porque algo que hace, es saludarme de mano, pero cuando estaba agitando mi mano, no la soltaba, lo cual hacía que un saludo, se convirtiera en una manera muy rara de acariciar mi mano.
Algo que era constante en nuestras pláticas, era su pregunta: "¿Quién te gusta?". En una plática, también empezamos hablar acerca de quiénes le habían parecido guapas del salón, y pues, yo estaba ahí.
Obviamente, nunca le respondí exactamente que era él. En esos tiempos, él cortó con la novia con la que duró bastante y todo se volvió más raro entre nosotros. Fue así hasta finales de febrero, cuando hicimos una excursión por parte de la asignatura de Educación física. Fuimos a Cuernavaca, un lugar que se encuentra en Morelos, un estado de la República Mexicana. Ese día, resumiendo lo que pasó:
- Los amigos de Emilio, y muy probablemente él también, se enteraron de que me gustaba, luego de un injusto juego de cartas
- Hablamos estando muy cerca de regreso en el camión
- Pensé que me iba a besar
- No pasó nada
Así es, no pasó absolutamente nada. Mi mejor amigo (uno de ellos) ya le había preguntado si yo le gustaba, sin embargo, le dijo que "no era momento de saberlo".
Él y yo seguíamos hablando diario, pero el tema de quién me gustaba, ya no salía a la luz.
Finalmente, hubo un día en el que ya no pude más y por mensaje le confesé mi amor por él. Lo único que obtuve ese día fue un "que lindo que pienses así". "Friendzoneada" de por vida.
Después de todo ese relajo, hablábamos, pero ya no eran ni tan frecuentes ni tan profundas las pláticas. Era gracioso, porque de repente ya no había tema de conversación y si no era yo, era él quien sacaba una pregunta al azar.
Y así pasó, yo me enamoraba cada vez más de él, mientras que él se conseguía otra novia, y luego otra amiga (quien después fue su novia).
Hasta las vacaciones le respondió a mi amigo que sí le había gustado yo en un determinado tiempo, pero que luego le gustó otra persona. Yo me seguía preguntando como por qué no me lo podía sacar de la mente.
Luego, más o menos por el mes de julio, empezamos a hablar mucho otra vez, y las conversaciones ya eran como si nos conociéramos de años, descubrí sus pasiones, sus disgustos, lo que él quería ser y muchas otras cosas más, me enamoré como nunca me había enamorado de alguien en toda mi vida.
Cuando entramos a este nuevo año, en agosto, agradecí que no estuviéramos en el mismo grupo, pero fue una completa ironía, porque lo sigo viendo muchas veces a la semana y cada vez que coincido con una persona, él es alguien en común.
Hasta hace dos meses, seguíamos hablando, pero era curioso que cuando iba a ser el mes de que ya no hablábamos, siempre aparecía un mensaje de él. Bueno, eso fue hasta octubre.
Hasta el momento, él tiene novia (otra diferente), y puede que finalmente, yo haya superado completamente lo que sentía por él.
No niego que lo sigo queriendo, sin embargo he entendido por muchas cosas, que el destino no quería que los dos estuviéramos juntos. Quizá, de alguna manera, nos hubiera destruido de muchas maneras el estar juntos en una relación. Él tiene muchos problemas, y yo también, así que, no.
Pero, pues creo que ese es el final de esta historia, quedamos como muchos, dos extraños con muchas cosas en común.
Para no hacer más larga esta entrada, hoy seguí con una de las series pendientes, volví a estar sola todo el día, hablar de esto me hizo sentir mal y bien al mismo tiempo.
Veamos cómo sigo mañana.
- Propósito 3 No enamorarme.
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